cuidar a familiares con demencia puede pasar factura

Cuidar a familiares con demencia puede pasar factura

Pérdida de memoria, de habilidades comunicativas y cognitivas son los síntomas más comunes a muchas formas demencia en las personas mayores. Aunque el alzheimer es el tipo de demencia más conocida en personas de edad avanzada, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) existen más de 80 tipos de demencia, una enfermedad cada vez más frecuente debido al aumento de la esperanza de vida.

El cuidado de personas mayores con demencia puede resultar muy estresante a causa del deterioro cognitivo y a la pérdida de las habilidades para la vida diaria, especialmente cuando la atención recae en algún miembro de la familia.

Ante diagnósticos de este tipo, es clave que la familia reciba asesoramiento y apoyo desde el primer momento. De esta forma, se pueden paliar muchos de los efectos que la enfermedad tiene en pacientes y familiares. Puesto que las demencias en las personas mayores son patologías irreversibles y progresivas, conviene tomar contacto con la enfermedad poco a poco y aprender a identificar los síntomas de su avance.

 

Consecuencias de cuidar a familiares con demencia

 

El síndrome del cuidador

El síndrome del cuidador, identificado en 1974, es el nombre que se da a un conjunto de síntomas que suelen aparecer en los cuidadores de personas mayores con demencia. Con frecuencia, quienes están a cargo de un adulto dependiente sufren estrés, migraña, irritabilidad e insomnio, entre otras dolencias.

La aparición de este conjunto de síntomas en el cuidador es un indicio de que la persona está sobrepasada por la situación y necesita ayuda. Sin embargo, en muchas ocasiones el familiar al cuidado de una persona con demencia se siente culpable porque tiende a pensar que no está haciendo bien su trabajo, que debería tener más paciencia o que su obligación es hacerse cargo del enfermo por sí solo.

Cuando se produce está situación, se entra en una dinámica que puede conducir a la depresión si no se toman medidas. Si es necesario compatibilizar la vida laboral con el cuidado de una persona mayor con demencia, las consecuencias no se hacen esperar por la gran carga de trabajo que supone atender varias obligaciones.

Los síntomas más frecuentes en las personas que sufren el síndrome del cuidador son los siguientes:

  • Sensación de agotamiento
  • Sueño poco reparador
  • Trastornos del apetito
  • Dolores musculares, de cabeza o cuello
  • Ansiedad o palpitaciones
  • Irritabilidad y cambios frecuentes de estado de ánimo
  • Falta de atención a uno mismo
  • Sentimientos de culpabilidad
  • Falta de concentración
  • Ausencia de vida social


Los familiares que se encargan del cuidado de personas mayores con demencia deben tratar de evitar caer en este trastorno, que puede pasar factura a uno mismo, al enfermo y a las personas del entorno.

Cuidar al que cuida

La primera tarea de un cuidador es aprender a cuidarse a sí mismo para poder atender a los demás. Por tanto, es necesario pedir ayuda cuando se empiecen a sentir los primeros síntomas e, incluso, antes de que aparezcan. Con una buena organización y el reparto de tareas entre varios miembros de la familia se puede evitar la sobrecarga y sus consecuencias.

Muchas veces la familia no desea ingresar al enfermo en una residencia. Las causas pueden ser económicas o, simplemente, porque no se desea tener lejos a la persona. Lo más recomendable es contar con asistencia a domicilio, ya que los cuidadores de personas mayores tienen experiencia en pacientes con demencia y otras discapacidades.

Para aliviar la carga de trabajo se puede contratar un cuidador de personas mayores para cubrir nuestra jornada laboral, para atender otras obligaciones o para disponer de tiempo para nosotros mismos. Esto último es, como ya hemos comentado, muy necesario para evitar la sobrecarga.

cuidador de personas mayores

Consejos para cuidar a una persona mayor con demencia

Cuando son los familiares los encargados de la atención al paciente, la falta de experiencia y de conocimientos, junto con las emociones negativas, como la tristeza y la frustración, llevan al agotamiento mental y físico.

Si decides asumir la responsabilidad del cuidado de una persona mayor con demencia, debes estar preparado para afrontar momentos difíciles. Al mismo tiempo, la tarea puede resultar muy gratificante si sigues estos consejos:

 

  • Ante las primeras sospechas de que un familiar puede estar desarrollando algún tipo de demencia, acude con él a su médico para que pueda diagnosticar a tiempo la enfermedad. En la actualidad existen muchos medicamentos que pueden retrasar la evolución de los síntomas.
  • En las primeras etapas, la persona enferma no necesitará supervisión constante y podrá llevar una vida prácticamente normal. Ambos, y el resto de la familia implicada, debéis empezar a seguir ciertas rutinas básicas en el cuidado.
  • Las personas de tu confianza y el entorno cercano del paciente deberían conocer la situación para que no se extrañen si observan cambios en el comportamiento del enfermo. No obstante, procura preservar su privacidad. Al principio, conviene consensuar con el enfermo a quién se va a informar.
  • Conforme avance la enfermedad tus responsabilidades irán en aumento: desde ocuparte de asuntos económicos o administrativos hasta ayudarle a comer y a asearse. Conviene disponer de poderes cuando llegue ese momento.
  • Cuando la capacidad de comunicación y cognitiva empiece a verse afectada tendrás que tener mucha paciencia. Evita tratar al enfermo con brusquedad.
  • El momento del aseo suele ser uno de los más estresantes para la persona enferma y para el cuidador. Es imprescindible preservar su intimidad en la medida de lo posible y realizar el aseo con discreción y sensibilidad.
  • La agresividad suele ser otro de los síntomas de la demencia. Trata de mantener la calma y no pienses que el enfermo intenta fastidiarte. No le regañes como a un niño. Puesto que ha perdido su capacidad cognitiva, no puede aprender.
  • Pide ayuda a un familiar o a un amigo de confianza siempre que lo necesites. Muchas veces, tan solo quedar a tomar un café puede servir para despejar la mente.

 

En la administración pública de tu localidad pueden informarte sobre las ayudas a la dependencia a la que puedas tener derecho y cómo solicitarlas. Recuerda que no estás solo.

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