El coste invisible de la demencia

Es una certeza que la evolución de las enfermedades ha contribuido a que el gasto sanitario español ya no se destine tanto a curar, sino que preferentemente se dedique al cuidado. Lo explican en el estudio Los costes de los cuidados informales en España, donde afirman que las enfermedades infecciosas de antaño han sido substituidas por enfermedades crónicas (enfermedades de larga duración y de progresión lenta). Por otra parte, el objetivo principal de la sanidad también ha evolucionado: ahora se persigue un envejecimiento digno y de calidad.

No obstante, se sigue denunciado que el gasto sanitario que dedica el Estado a este tipo de enfermedades, principalmente en las demencias, es inferior al que tienen que asumir los cuidadores de los familiares. De hecho, se estima que en España, «la familia asume el 87% del coste total de los gastos». En 2004, esta cifra oscilaba entre 18.000 y 52.000 euros anuales, dependiendo de cada caso particular.

¿Quiénes son los que cuidan?

Mayoritariamente las mujeres. Influye mucho el hecho de que muchas de ellas no formaban parte del entorno laboral 20 años atrás. Además, «en los países mediterráneos la familia es el puntal fundamental en la tarea de cuidar a sus miembros enfermos, recayendo esta responsabilidad, generalmente, en un cuidador principal, que suele ser de sexo femenino», según argumentan en Estimating the cost for family alzheimer’s disease and other dementias.

En una línea parecida pudimos ver ayer en Salvados (El milagro de la conciliación) como el peso del cuidado sigue recayendo en las mujeres. Las abuelas españolas han cuidado a sus padres, a sus hijos y a sus nietos. ¿Y ahora, quién las cuidará a ellas?

Lo que no tiene precio

No recibir un sueldo no equivale a trabajar gratis: el cuidador pierde mucho más que un salario.

El tiempo es oro. El cuidador soporta una carga muy fuerte de horas laborables durante la semana. «Más del 50% de los cuidadores emplean más de 40 horas semanales en atender a las personas que padecen limitaciones en su autonomía personal».

Más datos: un 80% de los cuidadores informales tienen dificultades para disfrutar de su tiempo libre o de su familia; el 63% reconocen sufrir repercusiones laborales (no pueden cambiar de trabajo, no pueden acceder a nuevas oportunidades laborales, no pueden ascender en su carrera…), mientras que un 58% padecen problemas de salud derivados de su dedicación al otro (véase el Síndrome del Cuidador).

Más costes indirectos

El tiempo dedicado al cuidado del paciente por su entorno familiar, la pérdida de productividad del paciente y de sus cuidadores, gastos sanitarios derivados de la carga del cuidador, el tiempo de ocio… Todos estos factores se suman a la larga lista de costes que sufren los cuidadores informales.

¿Qué es lo que hemos podido comprobar hasta ahora? Que estos costes se vuelven invisibles e incuantificables. Y como consecuencia, mayoritariamente ignorados.

Por este motivo, varios estudiosos del tema coinciden en lo mismo: es muy necesario que la Administración se implique más con los que padecen demencias y con sus familias. Tal como comentaba Pablo Barredo en nuestra última entrevista, «los ex cuidadores tienen mucho que aportar. No olvidemos la cantidad de dinero que le han ahorrado al Gobierno asumiendo los costes del cuidado del enfermo».

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